PORQUE ERAMOS JÓVENES

He leído muchas veces que nuestro cuerpo es nuestro vehículo: así lo tratamos, así se comporta. Así lo “conducimos”, así nos dura. Es una analogía muy bonita. Lo que ocurre es que algunos nacen con un Ferrari y otros con un Fiat Multipla.

La combinación entre comida sana, tiempo de descanso y deporte regular ayuda. Ayudar ayuda, no lo niego. Pero más de una vez me he encontrado con «Multiplas» que no llegarían ni a la ITV (como para pasarla) y por mucho que uno le cambie el motor, lo pinte por aquí y por allá, eso sigue siendo muy jodido de sacar para adelante.

La relación con nuestro cuerpo es complicada. El cuerpo te quiere joder la vida y al final te la termina jodiendo. Quieres tomar el sol, pero te quemas. Y te pasas dos días durmiendo boca abajo, que cuando termina el dolor de espalda empieza el de cuello. Quieres despertarte tarde, pero el cuerpo tiene otros planes. ¿Te encanta la leche? Pues toma dos tazas de intolerancia. Y así con todo.

Lo nuestro con el cuerpo es amor y odio. Una guerra cruel y bonita. Hay que entenderlo y engañarlo. Si me preguntan cómo quiero terminar, la respuesta está en Nosotros en la noche de Kent Haruf: “desnudando el alma cuando ya no se puede desnudar el cuerpo”.

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