Persiguiendo tu nombre
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Persiguiendo tu nombre

Si te preguntas porque son las doce de la noche y estoy paseando por Mutton Island capturando Pokemons y escuchando canciones japonesas que me traen de vuelta tu nombre es porque no te has enterado de nada.

A veces pongo a la vida en estas situaciones melodramáticas esperando que algún director independiente me filme y me convierta de una vez por todas en el mejor actor de mi generación: creo firmemente que hay un vacío generacional entre Timothée Chalamet y Tom Hardy que me está esperando.

Estoy volviendo a casa mientras me pregunto si sabes que tengo una playlist llamada Mañana en la batalla piensa en mí con todas las canciones que alguna vez escuchamos. Y me pregunto si sabes que una de ellas dice: después de haber llorado el cielo se ve más claro que nunca. Y que me hubiera gustado escribirte una frase como esa…

Quizá el último día. Ese en el que estabas en mi coche decidiendo entre quedarte conmigo o echarme de menos.

Aquél día que durante un segundo de lucidez tuve la certeza de que nos habíamos vuelto locos. Pero a ese segundo de lucidez se le antepuso un supersegundo de lucidez (si se me permite la expresión) en dónde pensé que aquella escena era el resultado lógico de nuestras vidas absurdas.

Tenía más de 100 sueños contigo y ahora están todos tirados en la esquina de mi habitación cogiendo polvo. Hoy le he dicho “hasta mañana” a una chica con la que nunca he hablado y que probablemente no volveré a ver solo porque se parecía a ti. Y me ha mirado como Salinger escribía a Holden en El Guardián entre el Centeno.

Y me pregunto si sigues dándole de comer a todos los gatos callejeros que te encuentras. Y si sigues prefiriendo una hamburguesa grasienta conmigo en un local cutre al restaurante más sofisticado de la ciudad con cualquiera.

Y me pregunto si sigues prefiriendo tus libros de folletín a mis “tonterías de intelectual”. Y si has pintado algo en óleo desde entonces… o has aprendido alguna nueva canción con el piano.

Y me pregunto si la vida nos hará coincidir en algún lugar y si te pondrás nerviosa al saludarme o si te dará lo mismo. Y me pregunto también si sabes que las dos opciones me aterrorizan por igual.

Y me pregunto si sigues pensando que la navidad es una quinta estación. Y que los domingos son como un Santa Claus que no sonríe.Y me pregunto si sigues creyendo que nadie te quiere como yo cuando no estas.

Y si sigues estando igual de guapa cuando lloras al pensar que para mucha gente solo estás de paso.

Ya casi he llegado a casa.

Y no tengo ganas de seguir escribiendo.

Así que camino un poco más. Me quedo frente a la puerta de casa. Pensado. Pensando. Pensando. Pensando. Pensando. Pensando. Pensando. Pensando. Y ensayo alguna frase.

Por si me está filmando algún director independiente.

Por si me estás escuchando tú.