La navidad: mono no aware
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La navidad: mono no aware

Algo de lo que dejó escrito Hendrix hay en la Navidad. Esa época del año que viene llegando desde septiembre; cuando termina el verano, y hay que agarrarse a otra liana para seguir surcando los cielos de la rutina. Loriga hablaba de la memoria como un perro estúpido que le lanzas un palo y te trae cualquier cosa. La Navidad es algo así. Una fábrica de nostalgia. Un continuo regreso al pasado. Todos nos acordamos de alguien que estuvo, y la abuela siempre llora, y alguien siempre se enfada, y otro alguien siempre trae el bingo, y los niños te recuerdan con la mirada, siempre con la mirada, lo que fuiste. Lo dejo escrito Benedetti en La tregua: “A veces una mujer vista desde atrás tenía su mismo paso, sus caderas, su nuca. Pero de pronto se daba vuelta y el parecido se convertía en un absurdo. Lo único que no engaña (así, como rasgo aislado) es la mirada”.

A mí me parece que la mejor definición de la navidad la da Gene Hackham en La noche se mueve. Cuando llega Clark y Gene está viendo un partido por la tele, ella, que ya lo está engañando, le pregunta: “¿Quién gana?”, y él le responde: “Ninguno… Unos pierden más despacio que los otros”. La Navidad tiene estas cosas. Y es hermosa porque es efímera. Si no se disolviera, si no escampara como el humo, dos semanas después, perdería su capacidad de conmovernos. Mono No Aware que dirían los japonenses.

Decía Garci que la alegría es líquida; la felicidad, sólida y la emoción, gaseosa. Sin duda creo que no hay felicidad en la Navidad sino alegría. Leí en alguna parte que la felicidad es mala memoria y buena salud. Algo imposible en Navidad entre recuerdos y polvorones. Como sea, la navidad es un hola y adiós. Un minuto de descuento en el partido de la vida. Cinco minutitos más en la cama. Un amor de invierno con la intensidad de una mirada y la duración de un parpadeo.