Isco otra vez

A los tres o cuatro años de edad, cuando todavía la vida se podía poner interesante, me regalaron los cuentos de Teo. Estas graciosas historias, que vistas con perspectiva dan un mal rollo que te cagas, (porque la cara de ese niño parece estar diciendo mátame ya, por favor, llevo demasiadas aventuras a mis espaldas y tengo solo 5 putos años) han hecho millonario a más de uno, y podemos estar ante uno de esos grandes casos de explotación infantil en el país. A veces lo que más cuesta ver es lo que tenemos pegado a la nariz. 

No deja de sorprenderme cómo cada acción en la vida de Isco se narra con la misma intensidad con que Homero contaba las hazañas de Aquiles. Isco llega al entrenamiento el primero. Isco hace un caño en un rondo random. Isco se ata las putas cordoneras. Cualquier cosa es épica que ya tienen que tener más imaginación que en Disney los redactores. Cualquier cosa merece ser contada. Isco se ha convertido en Teo y no nos hemos dado cuenta. 

Siempre que vuelvo a jugar una pachanga me dicen, pero hombre la calidad no se pierde, lo que se pierde es el físico. Y entonces chuto y le pego al córner, porque si hay algo que se pierde seguro es la dignidad. Por eso Isco se ha cortado el pelo, porque a veces no hace falta más que volverte a ver como antes para creer que puedes ser como antes. Cuando eres bueno haciendo algo, se te exige. Cuando eres único se te exige y se te espera. Estamos esperando a Isco. Mientras tanto la noticia es esa: Isco se cortó el pelo y se la ha puesto cara de Teo.

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