ES EL FUTURO

ES EL FUTURO

Mi padre ha instalado en casa un mando de ducha ultramoderno y ultracutre capaz de indicar con colores cuando el agua está fría, templada o caliente.

–Cuidado cuando está en rojo, que te achicharras vivo.

Yo ya le he dicho que llevo incorporado de serie una tecnología superior: las terminaciones nerviosas. Pero le da igual. Solo me faltaba que hasta la ducha me dijese cuando me puedo duchar y parece que vamos por ese camino.

Que todo tenga un manual de instrucciones me da bastante pereza. Cuando era niño todo era más físico: si dolía la herida era malo, si salía sangre peor. Esas cosas. Nos guiábamos por los sentidos y no terminamos tan mal. Lo moderno me empieza a superar. Tiene pinta de ser el síndrome del viejoven. Aunque admito que no le diría que no al váter japonés que te pega unos chorrazos tremendos.

En fin, como soy muy obediente, me he metido en la ducha y cuando la alcachofa se ha iluminado de color rojo me he puesto a gritar como si me estuviera duchando en el infierno. Me faltó algo de espacio para rodar como Neymar tras una segada, un poco para contentar a la ducha, un poco para contentar a mi padre y un poco porque soy gilipollas.

El invento debe estar en fase experimental: he salido de la ducha helado y maldiciendo la tecnología. Para quitarme el mal cuerpo he cogido uno de esos viejos albornoces que te rascan la piel. También te dicen cuando estás seco, pero de otra manera: la que a mí me gusta.

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