COGER DOS TRENES POR LA MISMA VÍA

COGER DOS TRENES POR LA MISMA VÍA

Últimamente voy de rico. Hay que hacer girar la rueda, apoyar la economía, levantar el país, que la cosa está muy mal, le digo a un amigo. Ya sabes lo que dicen: no hay nada más tonto que un pobre motivado. Así que este tonto se presenta en La Casa del Libro los fines de semana como el hijo de los Dusley el día de su cumpleaños. Y allí me dejo medio sueldo que, al ser medio de serie, me deja sin nada. Pero no pasa nada porque a mi 36 tampoco me parecen tantos. Team Dusley for ever.

Me he propuesto comprar todos los libros que he leído. Quiero que mi biblioteca mire por encima del hombro a la de Javier Aznar. Quiero que flipe en colores como la de Xacobe. Quiero que Luis Alberto de Cuenca me tenga que guardar los libros. Y esto es mucho decir porque no he visto una casa más jodida que esa.

El problema (siempre lo hay) es que vivo instalado en la indecisión. Conmigo los trenes se calan y ni así los pillo. Prefiero no abrir un regalo para que en ese regalo estén todos los que imagino. No sé si se me entiende. Menos mal que todo esto solo pasa en mi cabeza.

El caso es que no sé por dónde empezar. No sé si comprar de segunda mano y acabar antes con esta tontería de coleccionarlos todos como si fueran pokemon, si gastarme los cuartos e invertir en tapa dura, si comprarlos en lengua original o en castellano. La eterna duda, decía. No se pueden coger dos trenes por la misma vía, pero todavía creo que sí.

Todo esto me devuelve a pasear mirando los escaparates que es lo que más me ha gustado a mí en la vida. Si me dan a elegir entre vivir en un edificio feo con vistas a uno bonito, o al revés, siempre elegiría el edificio feo. El “y sí” me parece más embriagador que cualquier certeza. Rozar la meta, darte cuenta que el premio está en el camino. No voy tener las bibliotecas de quienes admiro. Pero y sí….

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